La alimentación es parte importante en cómo los niños, niñas y adolescentes responden a sus actividades diarias. Actualmente las instituciones educativas deben por Ley promover una alimentación saludable en los infantes, mediante la generación de hábitos de vida y promoción de la salud para la prevención de enfermedades.

Existen factores socioculturales, económicos y ambientales que influyen en la cultura alimentaria. En algunos casos, estos factores pueden incidir de manera poco favorable en los estilos de vida. Por ello, la educación frente a este tema, desde los primeros años de escolaridad, constituye una estrategia fundamental para promover actitudes y hábitos saludables en relación con la alimentación.

La familia y la escuela actúan como agentes modeladores en la implementación de hábitos en los niños, sin embargo, existen otras fuerzas influyentes que interfieren en las costumbres alimentarias, tales como la información que se percibe en los medios de comunicación y otros que impiden la construcción de un estilo de vida saludable. De aquí se deriva la importancia de educar a la población escolar en la capacidad crítica para poder elegir y tomar decisiones de manera acertada y favorable para su salud.

Una alimentación saludable es nutricionalmente suficiente, adecuada y completa, y está compuesta por una gran variedad de alimentos, incluido el agua. También se considera saludable cuando cubre nuestras necesidades biológicas básicas y, por otro lado, previene o al menos reduce el riesgo de padecer ciertas alteraciones o enfermedades a corto, mediano y largo plazo. El acto mismo de comer también implica, por lo general, un momento social para compartir experiencias con otros y por consiguiente, podemos afirmar que la sana alimentación tiene beneficios que contribuyen a nuestro bienestar tanto físico, psíquico y social. Por el contrario, cuando la alimentación no es adecuada, puede afectar el desarrollo y el crecimiento, condicionando la aparición de hipertensión arterial, aumento del colesterol, diabetes, sobrepeso y obesidad por la ingesta elevada de sodio, grasas saturadas, grasas trans y azúcares, haciéndole falta las frutas, verduras y otros alimentos ricos en fibras y grasas saludables.

En la siguiente tabla podrás descubrir cómo debe ser la distribución de alimentos en las diferentes comidas del día para tener una alimentación saludable:

Las comidasCaracterísticas¿Qué comer?
El desayuno (6-9 a.m)

 

Una de las comidas más importantes del día. Debería cubrir, al menos, el 25% de las necesidades nutricionalesEl desayuno admite una oferta de alimentos variada, pero para que tenga las mejores cualidades nutricionales debe incluir:

 

Un lácteo: leche con o sin azúcar o cacao, yogurt, queso de cualquier modalidad, evitando los muy grasos.

Cereales: pan, tostadas,  arepa, cereales, galletas.

Una fruta o su zumo.

Una grasa de complemento.

En ocasiones: huevo o jamón.

 

A media mañana (9 a.m. a 10:30 a.m.) Como refuerzo de los alimentos consumidos en la primera hora del día.

 

Una fruta

Un yogurt

Una porción de queso

·         Frutos secos

 

Almuerzo (12 m. – 2:00 p.m.)Al menos, ha de cubrir del 35 al 40% de las necesidades nutricionales diarias·         Primer plato: pasta, arroz, legumbres o verduras

·         Segundo plato: pescado, carne o huevos con ensalada

Postre: fruta

·         Agua o jugo sin azúcar.

 

A media tarde (3:00 – 5:00 p.m.)Complementa la dieta, pero no debe ser excesiva, para que mantengan el apetito a la hora de la cena.

 

Una fruta

Un yogurt

Una porción de queso

·         Frutos secos

 

Comida (6-8 p.m.)La cena se elegirá en función de los alimentos ya consumidos en las otras comidas del día.

Debe ser consumida a una hora no muy tardía para evitar que la proximidad al momento del sueño impida que los niños y jóvenes duerman bien.

 

Parecido al almuerzo en menor cantidad o parecido al desayuno sin fruta.

 

Nathalia Andrea Vargas Rojas
Nutricionista Dietista – Equipo de Investigación y Desarrollo
Harinera del Valle

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